Barcos que vienen y van, casillas regadas de sol y mar. Iguales y diferentes… Anónimas o veneradas…
La vida, en la montaña mágica. La muerte, en la montaña trágica: un mismo lugar para sucumbir y respirar.
Y, ahora, mi cuerpo con vida, se vuelve rígido, se encoge, al acercarme…Mis ojos vivos se derraman, se ciegan, al ver…Mi palma caliente se enfría al tocar…Tu casilla helada, gris, sin nombre.
Y me despido. Y te dejo un poco de mi. Y claveles rojos, muertos, en tu cuadradito frío, inerte.
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