Vislumbro desde hace poco una bella y, a la vez, abismal idea. Tan sólo imaginármela, siento un nudo en la garganta y una presión ocular que me desvela, sin pretenderlo, su importancia.
Y es que tengo el doble de lo que la mayoría tiene.
Una parte está muy lejos de mí, aunque la evoco a menudo en mi fantasía. La otra está más cerca, casi a la vuelta de la esquina, aunque apenas me atrevo a tocarla.
Una es mi deseo, mi utopía. La otra es materia, realidad.
A una la veo en sueños. La otra me cansa ver.
Una quiere que la olvide. La otra quiere ser única.
Ambas partes se desconocen, se excluyen, se olvidan.
Lloro por la suerte de tener el doble de lo que la mayoría tiene.
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